Psicología

Hambre emocional: comer según cómo me siento

 Comer cuando estamos tristes. Una gran comilona para celebrar algo. Tener ansiedad y pegarte un atracón. Chocolate para cuando me siento mal…

¿Te suena?

 

¿QUÉ ES EL HAMBRE EMOCIONAL?

Piensa en esa película que seguro que has visto aunque sea de pasada, en la que aparece alguien tras una ruptura amorosa, llorando y devorando un gran recipiente de helado hiperpercalórico. Come, para, llora, y sigue comiendo…

¿Por qué un helado y no una manzana?¿Por qué el que tiene más calorías?

Esa sería la descripción gráfica que ilustraría lo que es el hambre emocional.

Es un término muy usado en la actualidad y está directamente relacionado con nuestras emociones y cómo las gestionamos, intentando saciar nuestras necesidades emocionales   con la ingesta y uso de la comida.

Puedes haber experimentado esto si:

  • Detectas una necesidad de comer muy urgente.
  • Sigues comiendo a pesar de sentirte satisfech@ o incluso llen@.
  • No recuerdas si tenías hambre cuando empezaste a comer.
  • No sabes calcular cuánto comiste ni si estaba bueno, malo, soso, etc
  • Quieres comer cuando estás triste, cansad@, aburrid@ o sol@.
  • Tu hambre aparece junto estados de ansiedad, miedo, enfado o dolor.
  • Te sientes culpable después de comer.
  • La sensación de hambre comienza en tu cabeza y no en tu cuerpo.
  • Tienes sólo hambre de una comida concreta. Ej: Spaguettis a la carbonara.
  • Ningún otro alimento parece satisfacerte o saciar el hambre
  • Si comes el alimento que querías, el hambre se sacia parcialmente. Pero tus emociones o sentimientos siguen presentes.

 Podemos comer de esta manera ante un suceso negativo y/ o positivo siempre que esta genere una experiencia emocional intensa en nosotr@s.

 

¿Por qué comemos así?

Suele ocurrir porque no sabemos identificar lo que necesitamos para cubrir nuestras necesidades emocionales y poder sentirnos bien física y mentalmente.

Si unimos esta falta de radar emocional junto con el estrés al que estamos sometidos diariamente y el poco tiempo que dedicamos a nuestro autocuidado tenemos todos los ingredientes para conseguir esta receta tan completa.

Nuestra mente y nuestras emociones (nuestra psique) tienen también hambre (o necesidades) de cariño, consuelo, experiencias nuevas, conocimiento, seguridad, afiliación, y un largo etc.

Por esto es muy importante que comencemos a identificar los distintos matices de apetito en nuestras vidas. Qué necesitamos, qué queremos, qué nos sobra, que nos falta…

 

La vida que llevamos en la mayoría de las sociedades occidentalizadas conlleva mucho estrés casi diario y es por esto por lo que nos encontramos desconectados de nuestro cuerpo y de nuestras emociones.

¿CÓMO SUPERAR ESTO?

 

El apetito emocional puede ser una señal amiga que te intenta decir “para, mírate, algo está pasando, algo no va bien, cambia”. Una forma, por lo tanto, que tiene tu cuerpo de hacerte notar un desequilibrio.

Se trata entonces de un aliado que te ofrece la oportunidad para ponerte en contacto con tus emociones y manejar tu nivel de estrés.

Lo primero es hacernos conscientes de que esto puede ocurrir y a partir de aquí podemos hacer un ejercicio de reflexión sencillo y preguntarnos:

  • ¿Qué emociones sentía antes de comenzar a comer?
  • ¿Cómo me siento después de comer?
  • ¿Cómo disfruto (o no) de la experiencia de la comida?
  • ¿Se ha ido la emoción negativa inicial o sigue estando presente?

A partir de esto ya podemos ir autoregulándonos sol@s o con ayuda profesional si es algo que nos genera un gran problema en nuestra vida diaria.

Hay que señalar que no somos los responsables finales de esto. Con los avances, los nuevos alimentos, sus sabores, textura, aromas, color, es mucho más difícil escuchar a nuestro cuerpo. Cuándo está lleno, cuando quiere más o no, si es demasiada cantidad.

Por último recordar que si llegas a obsesionarte mucho con este tema o cualquier otro relacionado con la comida, peso y/o cuerpo es importante que busques y recibas ayuda profesional especializada, ya que se pueden generar trastornos muy persistentes y bastante complejos una vez que se instalan, llegando a provocar un gran sufrimiento en quién los padece así como a familiares y entorno.

Elisa López. Psicóloga Essential Madrid. Nº Col 21.402

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